
Un vaso de Ricard en una terraza de verano, alargado con agua fresca, sigue siendo uno de los rituales más arraigados en la cultura francesa. El pastis contiene, sin embargo, 45 grados de alcohol, tanto como un whisky o una vodka. A esta concentración de etanol se suma un ingrediente raramente mencionado en las conversaciones de barra: la glicirricina, extraída de la regaliz. Este doble perfil, alcohol fuerte y compuesto activo vegetal, merece que se detallen sus efectos reales sobre tres órganos objetivo.
Glicirricina e hipertensión arterial: el riesgo que la etiqueta no detalla
¿Has notado ya el sabor dulce y redondo del pastis, incluso antes de añadir azúcar? Este sabor proviene en gran parte de la regaliz, y más precisamente de la glicirricina que contiene.
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Este compuesto actúa sobre una enzima renal que regula el cortisol. Cuando se consume regularmente, incluso en cantidades moderadas, el cuerpo retiene más sodio y pierde potasio. El resultado concreto: la glicirricina puede provocar hipertensión arterial, edemas y, en casos severos, trastornos del ritmo cardíaco.
La Anses ha identificado la regaliz entre las sustancias presentes en complementos alimenticios y bebidas que suponen un riesgo para la presión arterial. El problema no se limita al Ricard: todos los productos que contienen glicirricina (caramelos, infusiones, pastis de otras marcas) están involucrados. Un artículo que detalla la peligrosidad del Ricard para la salud vuelve sobre esta acumulación de factores propios del pastis.
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Para una persona ya tratada contra la hipertensión, la asociación de alcohol fuerte y regaliz actúa como un doble mecanismo de tensión. El etanol solo ya eleva la presión arterial, la glicirricina la acentúa mediante un mecanismo distinto. Ambos efectos se suman sin compensarse.

Alcohol a 45 grados y hígado: una toxicidad dependiente de la dosis sin umbral protector
El hígado transforma el etanol en acetaldehído, una sustancia tóxica y cancerígena, antes de convertirlo en acetato. Este proceso funciona correctamente siempre que la cantidad de alcohol se mantenga puntual y baja.
Con un licor que tiene 45 grados, la dosis de etanol por vaso es notablemente más concentrada que con vino o cerveza. Un vaso estándar de pastis (2,5 cl de Ricard en agua) representa aproximadamente una unidad de alcohol, es decir, 10 gramos de alcohol puro. Dos o tres vasos una tarde de verano parecen inofensivos. Sin embargo, corresponden a dos o tres unidades, que es el límite diario más allá del cual el riesgo hepático aumenta notablemente.
Cuando el consumo se repite, el hígado pasa por etapas bien documentadas:
- Esteatosis hepática: el hígado almacena grasas que ya no puede evacuar. Esta etapa es reversible si se cesa el consumo.
- Hepatitis alcohólica: una inflamación que provoca fatiga, dolores abdominales y a veces ictericia. El hígado ya está dañado.
- Cirrosis: las células hepáticas destruidas son reemplazadas por tejido cicatricial (fibrosis). Esta etapa es irreversible y puede evolucionar hacia un cáncer de hígado.
El paso de una etapa a otra depende de la cantidad de alcohol consumido a lo largo del tiempo, no del tipo de bebida. El Ricard no es ni más ni menos tóxico que otro alcohol de grado equivalente para el hígado. Lo que cambia es la facilidad con la que se encadenan los vasos cuando la bebida está diluida en un gran vaso de agua helada.
Efectos del alcohol en el cerebro: no hay umbral sin riesgo
Los datos de Salud Pública Francia recuerdan un punto a menudo minimizado: el riesgo para el cerebro comienza desde el primer vaso. No en el tercero, ni en el quinto.
El etanol atraviesa la barrera hematoencefálica en pocos minutos. Perturba la transmisión entre neuronas, ralentiza los reflejos y altera la memoria a corto plazo. Estos efectos agudos son conocidos. Lo que se conoce menos es el impacto de un consumo regular, incluso moderado.
A largo plazo, el alcohol provoca una reducción medible del volumen cerebral. Las áreas afectadas prioritariamente son la corteza prefrontal (toma de decisiones, control de impulsos) y el hipocampo (memoria). La recuperación es posible si se detiene el consumo, pero es parcial y lenta.
El pastis, como cualquier licor a 45 grados, entrega esta dosis de etanol de forma concentrada. La adición de agua no reduce la cantidad de alcohol absorbida, simplemente diluye la sensación en boca. Diluir no es reducir la dosis, es un clásico engaño perceptivo con los anises.

Ricard y 41,000 muertes anuales: colocar el pastis en el cuadro global
Salud Pública Francia atribuye 41,000 muertes al año en Francia al alcohol, todas las bebidas incluidas. Esta cifra incluye cánceres, enfermedades cardiovasculares, daños hepáticos y accidentes.
El Ricard es uno de los alcoholes más vendidos en Francia. Su lugar cultural en el Sur y su imagen amigable no cambian su composición química. Un vaso de pastis contiene la misma cantidad de etanol que un vaso de whisky o de coñac.
La particularidad del pastis radica en tres factores acumulados:
- Un título alcohólico elevado (45 grados), que concentra el etanol por volumen
- La presencia de glicirricina, que añade un riesgo cardiovascular propio, independiente del alcohol
- Un modo de consumo (diluido, en terraza, con altas temperaturas) que favorece la deshidratación y el encadenamiento de vasos
Las pautas francesas de consumo de bajo riesgo no prevén ninguna excepción para el pastis. El mensaje de prevención es unificado: el riesgo existe desde el primer vaso, sea cual sea la bebida.
La regaliz presente en el Ricard transforma un licor ordinario en una bebida con un doble mecanismo de riesgo. Conocer esta particularidad permite tomar decisiones informadas, sin renunciar a toda convivialidad.